E2: ENTREGA FINAL
- elisanoguesupv
- 6 abr
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Actualizado: 20 abr
Tras varios meses de trabajo sobre este proyecto de vivienda en Argelita, por fin lo hemos dado por concluido y este ha sido el resultado.
Nuestra intervención comienza con una mirada profunda al entorno. Nos situamos en Argelita, un pequeño municipio de Castellón junto al curso del río Mijares. Desde el primer trazo, el objetivo fue claro: el proyecto no debía aterrizar como un elemento extraño, sino emerger del propio paisaje.
La Forma: Fragmentación y Escala
Para respetar la morfología urbana del pueblo, hemos intentado evitar hacer un gran volumen monolítico. En su lugar, la vivienda se descompone visualmente en tres módulos que se asemejan a viviendas adosadas. Esta decisión permite que la escala del edificio dialogue de tú a tú con las construcciones colindantes, manteniendo el ritmo de la calle.


En la parte posterior, el proyecto se encuentra con una plaza. Aquí, el gesto arquitectónico ha sido de conservación y silencio, hemos mantenido el muro de piedra original que delimita la parcela.
Asi conseguimos mantener la armonía visual de la plaza existente y respetar el límite histórico de la propiedad, permitiendo que la nueva vivienda asome por detrás con discreción y elegancia.


Optamos por cubiertas a un agua que, mientras en planta y desde la plaza mantienen la estética tradicional de la teja rústica, hacia el exterior se elevan para abrir la vivienda por completo al paisaje del río Mijares.

El proyecto se articula mediante una marcada longitudinalidad que actúa como eje vertebrador del conjunto. Una directriz horizontal recorre y unifica los cuatro volúmenes, estableciendo un diálogo continuo entre la nueva edificación y la preexistencia. Esta conexión longitudinal funciona como una "costura" arquitectónica: unifica las diferentes piezas bajo un mismo lenguaje, permitiendo que la preexistencia no quede como un elemento aislado, sino como el punto de origen de una secuencia de espacios encadenados.

El equilibrio se consigue mediante una clara horizontalidad en los ejes transversales que deja como resultado una dualidad que permite que el edificio se perciba como un conjunto de piezas y a la vez, una única intervención rotunda.

El programa de la vivienda se aleja de los esquemas residenciales convencionales para responder a una realidad social específica: la convivencia de tres mujeres con trayectorias vitales independientes que buscan un equilibrio entre la lutonomía individual y la colectividad compartida. El proyecto no se compartimenta en estancias estancas, sino que se concibe como un sistema de espacios abiertos, donde la arquitectura no impone el uso, sino que ofrece posibilidades de habitabilidad.
En la cota de acceso, la vivienda se libera de particiones opacas para conformar una planta baja de carácter social.
Estos espacios diáfanos se expanden visual y físicamente hacia un patio interior, que garantiza una transición fluida entre el núcleo doméstico y el exterior protegido.

Los niveles superiores se desarrollan mediante el sistema de medias alturas, proponiendo una atmósfera de mayor introspección y refugio sin renunciar a la flexibilidad espacial.
Esta zona se concibe como un entorno compartimentado pero versátil, donde la arquitectura se fragmenta para generar rincones de escala más íntima.
Toda esta secuencia espacial, desde la planta baja abierta hasta las estancias superiores, está regida por la captación de las vistas.

Cada ventana y cada quiebro en la sección han sido proyectados como marcos que encuadran ell relieve montañoso. De este modo, la vivienda no solo se integra en el pueblo por su estética exterior, sino que se convierte en un
dispositivo de observación, donde la horizontalidad de la planta baja y la verticalidad de las medias alturas convergen convirtiendo el paisaje de Argelita en el verdadero protagonista del habitar cotidiano.

La maqueta nos ayudó a visualizar cómo el edificio se asienta sobre las distintas plataformas del terreno.

Se ve realmente la intención de las cubiertas a un agua. Es el punto donde el proyecto se "rompe" a propósito: mantenemos la teja rústica para cumplir con la estética del pueblo, pero abrimos el plano inclinado para buscar la luz y las vistas que el río nos regala.


Decidimos seccionar la maqueta por la mitad para que se apreciaran todos los rincones y espacios generados en el interior, asi como las vistas enmarcadas de las escaleras al final del pasillo, el efecto de la entrada de luz y todos aquellos detalles que solo se ven en una volumetria real.
Echar la vista atrás y ver el proyecto terminado nos llena de orgullo. No vamos a engañar a nadie, el camino ha tenido sus momentos de darle mil vueltas a todo . Uno de los mayores rompecabezas fue, sin duda, encajar la escalera, nos dio más de un dolor de cabeza hasta que finalmente dimos con la tecla. Al final, apostar por la longitudinalidad en el interior no solo solucionó el paso entre plantas, sino que reforzó toda la idea del proyecto.
Finalmente, junto a mi compañera Sara Català hemos llegado a una solucion de proyecto que cumple con todos los objetivos que nos hemos propuesto.



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